viernes, 14 de marzo de 2014

"La religión fue señalada como opio del pueblo, pero esta espiritualidad light también lo es. La religión ha sido señalada como instrumento de manipulación de masas, pero estaespiritualidad light ,que te aleja de estar en la Vida y te debilita como ser humano, también es un instrumento de manipulación..."

http://espiritualidad-especialitis.blogspot.com/2012/05/una-espiritualidad-light.html

Coca-Cola consigue que la RAE acepte la palabra 'positividad'

http://a7.com.mx/vida/sociedad/16114-coca-cola-consigue-que-la-rae-acepte-la-palabra-positividad.html

Extracto de La felicidad paradójica. Ensayo sobre la sociedad de hiperconsumo, de Gilíes Lipovetsky

"...En ninguna parte es tan manifiesto el fenómeno como en la "nebulosa místico-exotérica" y los medios que asumen la "New Age". En este feudo se multiplican las librerías especializadas y salas de exposición, toda una oferta comercial hecha de talleres con gurú, centros de desarrollo personal y espiritual, cursillos de zen y yoga, talleres sobre las "chakras", consultas con el "médico espiritual", cursos de astrología y numerología, etcétera. Mientras las obras de religión y las novelas espirituales se convierten en éxitos de ventas, muchos editores invierten en este nuevo segmento del mercado en expansión. En la sociedad de hiperconsumo, incluso la espiritualidad se compra y se vende. Si es verdad que la reactivación posmoderna de lo religioso expresa cierto desencanto del materialismo de la vida cotidiana, también lo es que el fenómeno es cada vez menos ajeno a la lógica comercial. Es la espiritualidad convertida en mercado de masas, producto para comercializar, sector que organizar y promover. Lo que constituía un cortafuegos para el desenfreno de la mercancía se ha metamorfoseado en palanca de su propagación. La fase III es la que ve difuminarse el espacio que hay entre el Homo religiosus y el Homo consumericus..."



Razón tenía Papuchis…

Mucho se ha repetido que una herramienta no es buena ni mala, y que lo que esta pueda generar depende del uso que le de quien la sujeta. Pero tampoco es menos cierto que quedarse en dicha abstracción, sin observar las prácticas sociales predominantes, nos impediría entender el carácter principal que cualquier herramienta adquiere en lo concreto.

En el caso de las redes sociales en Internet, indicar que entre sus principales motores se encuentra la capacidad que tienen de potenciar aquella premisa que ya en la Colombia de los 90 popularizara Juan Manuel Correal –más conocido entonces como Papuchis-: “Lo importante no es ser sino aparentar”, resulta bastante de Perogrullo. 

Las disertaciones que al respecto se han dado, aunque no inunden los medios, tampoco son escasas. La mayoría de ellas sin embargo parecen centrarse  en la dificultad que se crea en muchas personas, principalmente adolescentes, al sentirse forzadas a vender su imagen día tras día. Excluyen así el problema que las precede y que solo se ve potenciado por ellas: el de individuos que incapaces de conocerse  o de construirse a si mismos, crean una puesta en escena para el entorno; con la consecuencia aun más macabra de terminar entendiendo que la percepción que el entorno tiene de ellos -el éxito de esa puesta en escena- es lo que son ellos mismos.

No solo es que el adolescente -o el no tan adolescente- se vea forzado a vender  continuamente pedazos filtrados de si, en un proceso de falseamiento personal y de ajuste a escogidos ideales sociales  o de grupo, esperando lograr que el mundo  le reconozca y le acepte. Es que la persona termina por confundir la imagen falseada con ella misma.
Lo que antes era difícil de percibir, ahora es caricaturizado por las redes sociales:                        
La persona se siente más o menos “viva” según su imagen falseada este o no activa; favorece una desestimación de lo real y de lo cotidiano, mientras equipara, no solo su valía, sino su bienestar  con los laureles a esa falsa imagen…En ultimo termino, resulta añorando la imagen por sobre la realidad, poniendo lo virtual sobre lo concreto, confundiendo el escenario con la vida.
Buen retrato de ello,  es el caso sombrío de quien frente a una situación aparentemente gratificante, parece más  inmiscuido en esa “foto pal face” que en la experiencia misma.

Mucho egoísmo poca empatia.


(…) es en esta causalidad entre deseo y realidad donde el credo se encuentra con el capitalismo y su imperativo de consumo y crecimiento ilimitados: todo se puede conseguir si de verdad se desea y se está dispuesto a alcanzarlo. La perversión de esta ideología que bebe del primer calvinismo protestante es que reposa exclusivamente en la responsabilidad individual: el éxito depende la propia actitud; no hay, pues, excusa para el fracaso. Es, por tanto, una cultura ajena a cualquier principio de empatía o solidaridad, que además se acaba convirtiendo en un excelente mecanismo de control social porque no invita a los ciudadanos a pensar ni a criticar el sistema, permitiendo así perpetuar sus injusticias.


La transformación y lo establecido.

Durante toda la historia de la humanidad los más notables personajes,  movimientos  y culturas espirituales significaron una ruptura con lo establecido. Un intento por desligarse de las formas predominantes y más difundidas de habitar el mundo y de relacionarse con el entorno. Es también  cierto sin embargo, que tanto como el verdadero acontecer espiritual se ligaba a una  reformulación de esa mirada enferma que nos aqueja desde que nos entendemos como civilización; así mismo le era imposible no ser permeado, o finalmente cooptado en su totalidad, por las prácticas, ideas y valores que adormecían y aun adormecen a la humanidad.

En tiempos pasados esa captación total de la espiritualidad por lo establecido; esa fosilización del impulso de transformación sin el cual nada puede ni debe llamarse espiritualidad, se hizo patente en las grandes religiones. En el caso de la iglesia católica esta se hermano, fue representante, impulsora y legitimadora de cada una de la practicas que hoy se le reconocen como nefastas a las monarquías. Aun así algunas figuras notablemente espirituales surgieron en el seno de esta iglesia, pero siempre a pesar de y no gracias a su religión organizada;  e inmiscuidas invariablemente en una tensión con esa jerarquización.

En el mundo presente el poder se concentra cada vez más en el ámbito económico dejando relegados los espacios más estrictamente políticos y religiosos que se desdibujan, y se supeditan a  las reglas y demandas del mercado. Las fuerzas mediáticas y bélicas  se ponen completamente al servicio de las necesidades  de una economía que se sirve de la humanidad y no al contrario, y que  representa el principal cimiento de los cánones  imperantes. Statu quo que en esencia no rompe con los pilares patriarcales, jerárquicos y alienantes de antaño, aunque que adquiere formas muy diferentes para su puesta en practica.

Actualmente los paradigmas no se difunden desde el púlpito, no se decretan autoritariamente desde el trono monárquico, se mezclan dentro de la cultura popular disfrazados de la más pura inocencia y de desprevenida objetividad.  Atraviesan los diferentes medios, están en la radio, en la televisión, en los periódicos, en la publicidad, se inmiscuyen en las instituciones sanitarias, educativas, sociales, etc. disfrazando de naturalidad el mensaje hegemónico que coloniza las mentes y que aviva esta despiadada batalla “económica”. Ya no hay necesidad de exigir que se cumpla tal o cual imposición jerárquica so pena de determinado castigo, simplemente el discurso imperante se disfraza de ecuanimidad a tal punto que, aunque en términos económicos solo beneficie a unos pocos, tanto ellos como el resto de la humanidad se convierten en voceros y guardianes inconscientes de lo que, si bien es una insípida ideología sobre como vivir, se nos presenta como  la vida misma.

Pero hay ciertos baches que este nuevo modelo patriarcal debe llenar: así como en otros tiempos debió institucionalizarse la espiritualidad y su inercia transformadora para tratar de atajar su potencial de cambio, así mismo ahora es necesario crear una “espiritualidad” a la medida de este nuevo mundo, que interrumpa el impulso transformador de una multitud de seres humanos. Es entonces cuando muchos inquietos espirituales se desligan de las grandes iglesias y se inmiscuyen  en una espiritualidad aparentemente liberadora, pero esta solo logra romper algunas formas y queda atrapada en la inercia de un discurso dominante profundamente asentado; sin poner en duda certera los valores que sostienen el actual estado de las cosas: por el contrario, en ocasiones los reproduce más furiosamente que nuca. Como existían los falsos maestros espirituales que solo legitimaban la decadencia medieval, así también existen "los gurús del capitalismo". Y no son aquellos "intelectuales" que abiertamente defienden y tratan de darle piso teórico al actual establecimiento; son personas, grupos y filosofías que de manera más o menos consiente equiparan y amoldan la búsqueda espiritual con los más típicos valores e idearios liberales-capitalistas.


Valga aclarar que este proceso tiene diferentes niveles y que en la realidad difícilmente se encontraran blancos o negros.