viernes, 14 de marzo de 2014

La transformación y lo establecido.

Durante toda la historia de la humanidad los más notables personajes,  movimientos  y culturas espirituales significaron una ruptura con lo establecido. Un intento por desligarse de las formas predominantes y más difundidas de habitar el mundo y de relacionarse con el entorno. Es también  cierto sin embargo, que tanto como el verdadero acontecer espiritual se ligaba a una  reformulación de esa mirada enferma que nos aqueja desde que nos entendemos como civilización; así mismo le era imposible no ser permeado, o finalmente cooptado en su totalidad, por las prácticas, ideas y valores que adormecían y aun adormecen a la humanidad.

En tiempos pasados esa captación total de la espiritualidad por lo establecido; esa fosilización del impulso de transformación sin el cual nada puede ni debe llamarse espiritualidad, se hizo patente en las grandes religiones. En el caso de la iglesia católica esta se hermano, fue representante, impulsora y legitimadora de cada una de la practicas que hoy se le reconocen como nefastas a las monarquías. Aun así algunas figuras notablemente espirituales surgieron en el seno de esta iglesia, pero siempre a pesar de y no gracias a su religión organizada;  e inmiscuidas invariablemente en una tensión con esa jerarquización.

En el mundo presente el poder se concentra cada vez más en el ámbito económico dejando relegados los espacios más estrictamente políticos y religiosos que se desdibujan, y se supeditan a  las reglas y demandas del mercado. Las fuerzas mediáticas y bélicas  se ponen completamente al servicio de las necesidades  de una economía que se sirve de la humanidad y no al contrario, y que  representa el principal cimiento de los cánones  imperantes. Statu quo que en esencia no rompe con los pilares patriarcales, jerárquicos y alienantes de antaño, aunque que adquiere formas muy diferentes para su puesta en practica.

Actualmente los paradigmas no se difunden desde el púlpito, no se decretan autoritariamente desde el trono monárquico, se mezclan dentro de la cultura popular disfrazados de la más pura inocencia y de desprevenida objetividad.  Atraviesan los diferentes medios, están en la radio, en la televisión, en los periódicos, en la publicidad, se inmiscuyen en las instituciones sanitarias, educativas, sociales, etc. disfrazando de naturalidad el mensaje hegemónico que coloniza las mentes y que aviva esta despiadada batalla “económica”. Ya no hay necesidad de exigir que se cumpla tal o cual imposición jerárquica so pena de determinado castigo, simplemente el discurso imperante se disfraza de ecuanimidad a tal punto que, aunque en términos económicos solo beneficie a unos pocos, tanto ellos como el resto de la humanidad se convierten en voceros y guardianes inconscientes de lo que, si bien es una insípida ideología sobre como vivir, se nos presenta como  la vida misma.

Pero hay ciertos baches que este nuevo modelo patriarcal debe llenar: así como en otros tiempos debió institucionalizarse la espiritualidad y su inercia transformadora para tratar de atajar su potencial de cambio, así mismo ahora es necesario crear una “espiritualidad” a la medida de este nuevo mundo, que interrumpa el impulso transformador de una multitud de seres humanos. Es entonces cuando muchos inquietos espirituales se desligan de las grandes iglesias y se inmiscuyen  en una espiritualidad aparentemente liberadora, pero esta solo logra romper algunas formas y queda atrapada en la inercia de un discurso dominante profundamente asentado; sin poner en duda certera los valores que sostienen el actual estado de las cosas: por el contrario, en ocasiones los reproduce más furiosamente que nuca. Como existían los falsos maestros espirituales que solo legitimaban la decadencia medieval, así también existen "los gurús del capitalismo". Y no son aquellos "intelectuales" que abiertamente defienden y tratan de darle piso teórico al actual establecimiento; son personas, grupos y filosofías que de manera más o menos consiente equiparan y amoldan la búsqueda espiritual con los más típicos valores e idearios liberales-capitalistas.


Valga aclarar que este proceso tiene diferentes niveles y que en la realidad difícilmente se encontraran blancos o negros.

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