viernes, 14 de marzo de 2014

Mucho egoísmo poca empatia.


(…) es en esta causalidad entre deseo y realidad donde el credo se encuentra con el capitalismo y su imperativo de consumo y crecimiento ilimitados: todo se puede conseguir si de verdad se desea y se está dispuesto a alcanzarlo. La perversión de esta ideología que bebe del primer calvinismo protestante es que reposa exclusivamente en la responsabilidad individual: el éxito depende la propia actitud; no hay, pues, excusa para el fracaso. Es, por tanto, una cultura ajena a cualquier principio de empatía o solidaridad, que además se acaba convirtiendo en un excelente mecanismo de control social porque no invita a los ciudadanos a pensar ni a criticar el sistema, permitiendo así perpetuar sus injusticias.


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